Lunes, 05 Marzo 2018 18:52

Manos de Cuba en la piel de Venezuela

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n 21 de los 24 estados de la patria de Chávez se aplica el novedoso producto médico cubano que ha mejorado la vida de unos 300 000 pacientes en el mundo. Más de 190 000 de ellos son venezolanos; ninguno ha pagado un centavo.

CARACAS.–El camagüeyano Julio Baldomero Hernández tiene un idilio especial con Venezuela. Aquí llegó en el año 2003 entre el puñado de médicos que abrió de par en par el corazón de Barrio Adentro. Trabajó, cumplió, se despidió y regresó siete años después con un libro bajo el brazo: De nuevo al camino, compendio de testimonios de pacientes venezolanos cuyo prólogo fue escrito en una prisión estadounidense por el héroe Gerardo Hernández Nordelo.

De nuevo al camino, que expone experiencias de la aplicación del Heberprot-P, le trajo al autor, en los días de la presentación, otras sorpresas. Mientras se alojaba en el estado de Lara, en la casa de un amigo venezolano beneficiado con el tratamiento, a Julio le avisaron: «¡Médico, el presidente está hablando de su libro en la televisión!». Entonces pudo ver, con arrobados ojos de cubano, a Hugo Chávez comentar las «joyas de testimonios» que contenía su libro.

Julio, actual subdirector de investigaciones clínicas del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de La Habana y asesor del Programa de atención integral al paciente con úlcera del pie diabético, realiza junto con el colega Osvaldo Reyes Acosta, coordinador del programa entre Cuba y Venezuela, una visita de supervisión a las unidades que en 21 de los 24 estados del país aplican el producto cubano.

Por encima de formulaciones complejas, Heberprot-P ha sanado, a base de solidaridad, parte de la piel dañada del planeta. Actualmente, 23 países emplean el producto y, pese al cerco de monopolios farmacéuticos más interesados en «curar» sus finanzas, Cuba ha registrado patentes en más de 50 naciones.

«Con nuestro producto, más de 300 000 pacientes del mundo han evitado la amputación, pero Venezuela fue la imagen internacional del Heberprot-P porque, con más de 190 000 personas atendidas desde el 2008, concentra más de la mitad del total», sostiene el científico.

SALUD, DINERO Y AMOR

En el hospital Victoriano Santaella, del municipio mirandino de Guaicaipuro, donde periodista y doctor se han encontrado por pura casualidad, Julio refiere cuánta salud, dinero y amor pueden representar para la gente un par de revoluciones unidas: «Tratar esta complicación es casi inalcanzable para la mayoría de los pacientes, no solo en países subdesarrollados. En los desarrollados, si la úlcera es menos compleja, la persona deberá pagar al año entre 20 000 y 24 000 dólares, pero si resulta amputada, vivir un año le costará aproximadamente 60 000 dólares». Ningún cubano ni ningún venezolano deben pagar nada.

Guiándonos por la clínica especializada del Victoriano Santaella, la ingeniera química cubana Yaíma Chacón Quintero, coordinadora del Programa del Buen Vivir para el Diabético en Miranda, refiere que, además de esta, nuestro personal sostiene en el estado otra unidad, en el hospital Simón Bolívar, del municipio de Tomás Lander.

En este hospital, el tratamiento mundialmente novedoso arrancó en febrero del 2011, tras la experiencia previa en un servicio ambulatorio. En mejores condiciones, han atendido en siete años a más de 3 000 pacientes.

«Sí, se producen amputaciones, pero muy pocas. Cuando comenzó el programa eran amputados 70 de cada cien pacientes, pero con la sostenida aplicación del Heberprot-P hemos bajado ese índice en Miranda hasta el 3 %, y aun menos», afirma la coordinadora.

LA CURA EN UN TOQUE SENSIBLE

Dos equipos de trabajo, conformados por un único angiólogo cubano y ocho enfermeras podólogas venezolanas que se alternan mañana y tarde, comandan este milagro científico en el hospital de Guaicaipuro.

El doctor santiaguero Orlando San Pedro Vázquez, especialista en primer grado en angiología y cirugía vascular, es un puntal en el programa. «Con la aplicación del Heberprot-P la evolución es increíble desde el punto de vista de regeneración de tejidos y de cicatrización de lesiones. Hemos visto una evolución satisfactoria de la mayoría de los pacientes y una ostensible disminución del índice de amputaciones mayores», refiere.

Tal vocación invade la consulta. Con ocho años de trabajo en el programa, la enfermera venezolana Georlerny Hidalgo Vallenilla comenta que otros países no tienen «la bendición» de Venezuela.
Diógenes Caraballo Caraballo, anciano diabético de San Antonio de los Altos, luego de varias sesiones, ha visto desvanecerse los nubarrones que vio formarse alrededor de su salud desde que se cortara mal una uña del pie.

El crédito científico y humano de Cuba se impone. «Un médico de una clínica de podología me dijo: “Vete pa’llá, que ellos son especialistas en eso”. Y ya tengo el pie chévere. Así de sencillo. Me tratan muy bien.

Estoy mejor; fíjate que voy a jugar hasta fútbol, pues», se aventura Diógenes, quizá un testimoniante en el libro de nuevos caminos que el doctor Julio Baldomero pudiera escribir.

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