Lo mejor es lo que pasa

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Nombre: Wilfredo José Cordero Méndez.
Edad: 45 años.
Dirección: Siquisiqui, Urdaneta, Estado Lara.

Hay hombres a los que les cuesta llorar, pero a otros, la vida les ha enseñado que también los hombres tienen lágrimas. No sintió pena conmigo Wilfredo José, hizo una pausa, restregó sus ojos, y poco a poco, como queriendo no olvidar ni un detalle, fue hilvanando esta conversación.
Qué le puedo contar doctor? Soy diabético desde los treinta años, y a veces en broma digo que es un regalo de mi padre. El también padece esta enfermedad y aún vive igual que mi mamá. Tengo cinco hijos y me dedico al comercio, más que todo a vender envases plásticos. En la familia, mi hermana fue la que más estudio. Se hizo enfermera, y trabaja en el hospital de Siquisiqui. No le voy a negar que me gustaba darme los tragos, pero ahorita, puro jugo es lo único que tomo. Mi desgracia llegó en Mayo del año pasado, exactamente el día de las madres. Estábamos haciendo un sancocho en la casa, pero tuve que salir a hacer una diligencia y el maldito carro comenzó con un fallo, por un descuido mío. Afinqué el pie izquierdo al metal caliente del motor y pegué un grito de dolor. Dejé la piel pegada al hierro. La quemadura era profunda y mi hermana corrió conmigo para el hospital. Allí enseguida me dieron los primeros auxilios y decidieron ingresarme. Las curas eran arrechas (fuertes, dolorosas), unos días mejor y otros peor. Duré tres meses ingresado hasta que me dieron el alta y seguían curándome en el hospital. A las pocas semanas, me atacó un dolor de vesícula y todavía con la quemadura abierta decidieron ingresarme otra vez para aliviarme el cólico vesicular. Bastaron tan solo tres días para agarrar dos bacterias. De una no me acuerdo el nombre, pero de la otra sí. Era una Pseudomona. Vinieron entonces dos meses más de martirio. Aquella infección no se quitaba con nada. Me pusieron cuanto antibiótico había. Una mañana, durante el pase de visita, el doctor Méndez, traumatólogo venezolano y jefe del operativo quirúrgico me planteó que la única opción a mi problema era realizarme una amputación hasta la rodilla. Mire, en ese momento se me unió el cielo con la tierra. Un hombre fuerte como yo. ¿Qué iba a hacer con una sola pierna, delante de mi familia, no? Pero, en toda la noche lloré y no pude dormir al recordar la palabra: amputación. La decisión estaba tomada. Me operaban el viernes, bien temprano. Déjeme aclararle que Siquisiqui está a unas tres horas de Barquisimeto. Es una zona montañosa de muy difícil acceso. Allí, la época de lluvia es dura. ¿Oyó?, y el Jueves, antes de mi operación, se mandó un aguacerón que metía miedo. Toda la noche y la madrugada estuvo lloviendo. Miré si fue así, que el puente de entrada al pueblo llevaba de construido 27 años y se cayó completo. Es por eso que los médicos no pudieron llegar al hospital y se suspendió la amputación. Mi hermana, al ver la situación, fue a ver a unos médicos Cubanos que conocía, y se trajo con ella al doctor Teo. El me dijo que si me trasladaban al CDI podía salvarme la pierna. No lo pensé dos veces. Me fui de una vez, y médico cumplidor aquel. Me agarró la pierna mala y la cuidó como suya. Mejoró bastante, pero todavía estaba en peligro. Cuando estuvo mejor, hizo las coordinaciones y me refirió al ambulatorio del Obelisco. Allí me recibió el angiólogo Cubano Cecilio González. Al ver el estado en que llegué, me dio esperanzas de salvar mi pierna. No quería creer en sus palabras, pero no tenía otra alternativa. Comenzó a inyectarme en la ulcera un medicamento Cubano del cual anoté el nombre en un papel y de tanto repetirlo me lo aprendí: Heberprot-P. Pregunté qué significaba y el doctor me dijo. Sin embargo, me aferré en cambiarlo y llamarlo: He-ben-prot-P que significa para mi: Hecho y bendecido para proteger a los pobres.

Nada más le diré que me pusieron veinte inyecciones, y aquí estoy con mis dos piernas buenas. Doy gracias al descubrimiento del medicamento ese, a la amistad surgida entre nuestros dos países, y al derrumbe del puente de Siquisiqui. Estas son cosas que pasaron y gracias a ellas, sigo siendo un hombre feliz.

Testimonio de paciente tratado con Heberprot-P

Programa Nacional Heberprot-P

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