El Tío del Dr. Chacin

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Nombre y Apellidos: Miguel Angel Vacca
Edad: 70 años
Dirección: Caracas

Miguel Angel es un diabético de muchos años, caraqueño, que al cruzar la avenida Bolivar, no deja de admirarse por los majestuosos cerros que según él, enamoran a la capital. Mire a mí no hay quien me diga que el Heberprot-P no sirve. Yo sufro de esta enfermedad desde hace tantos años que ya ni me acuerdo, y como si fuera poco los riñones no andan bien, nada, que todo viene junto. Desde inicios del año pasado, tenía una llaga inmensa en la pierna derecha. Me llevaron tres veces al quirófano, me quitaron carne mala y me pusieron unas mechas para drenar el pus, pero aquello no mejoraba. Los médicos me pronosticaron un año o un año y medio para curarme. Yo me sentía tan mal que me encomendé a dios, como ultima salvación. Tengo un sobrino, hijo de mi hermana que es mayor del ejército y es jefe de consulta en el hospital militar, es el Dr. Chacín. Ese muchacho hizo de todo para salvar mi pierna. Buscó no se cuántos colegas y ninguno resolvió mi problema. La vida le da y le quita a uno. Es por eso que en junio pasado mi sobrino en una reunión de trabajo con unos cubanos, conoce al Dr. Montequín, angiólogo y cirujano de profesión. Este ciudadano le dice a mi pariente que ellos tienen un medicamento muy bueno para tratar las ulceras en los pies de pacientes diabéticos. En Venezuela, no se conocía este milagro y puedo llamarlo así ahora que soy un paciente tratado con ese medicamento. Resulta que entre mi sobrino y el Dr. Montequín se establece algo parecido a un pacto: el médico cubano le plantea que asume la propuesta de tratar mí ulcera compleja. Tengo que reconocer, que fui un poco desconfiado, pero las manos de aquel hombre me inspiraron y me dieron aliento ante tanto dolor. El no escatimó, se mostró seguro y su destreza con bisturís y las inyecciones que se trajo desde Cuba, me fueron devolviendo el aliento perdido. Apenas bastaron ocho semanas y 24 inyecciones. Mi pierna derecha se cubrió de carne nueva: casi ni se nota donde antes hubo una ulcera. ¿Usted cree que alguien puede venir a decirme que el Heberprot-P no sirve? Al que lo dude, puedo mostrarle las fotografías antes de la primera inyección y la última tomada justo el día de haberme dado el alta. Mi sobrino quedo sorprendido por los resultados. Fíjese si es así, que hoy trabaja de conjunto con el Dr. Montequín llevando adelante este proyecto humanitario entre los dos países, para que personas como yo, podamos seguir soñando al mirar la grandeza de nuestros cerros.

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