De nuevo a la vida

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Nombre y apellidos: Pedro José Mujica
Edad: 75 años
Dirección: Barquisimeto, Estado Lara.

Nunca imaginó Pedro José Mujica que a sus 75 años de edad, con 18 hijos, 56 nietos y 16 bisnietos, iba a volver a nacer. Lo encontré un lunes bien temprano en el ambulatorio del Oeste de Lara, y con palabras salidas de su corazón nos dio este fiel testimonio de hombre feliz. Yo siempre he sido albañil. Desde los catorce años no he tenido descanso en mi vida. Se imagina usted ayudando primero a mis padres en la crianza de cuatro hermanos y luego a la familia grande que he logrado con mis cuatro matrimonios. Actualmente, vivo en Santa Isabel, La Playa, aquí mismo en Barquisimeto. Padezco de tensión y diabetes pero cuando hay que luchar la comida, uno no puede darse el lujo de sentirse enfermo, ni cansado. El viernes 14 de Noviembre del año 2008, algo trágico sucedió conmigo. Me levanté, como de costumbre, antes de las seis de la mañana, pues tenía el compromiso de arreglar el techo para una habitación en un tercer piso. Todo marchaba bien, pero a las 12:30 pm ocurrió lo inesperado. Fue muy rápido. Una línea eléctrica de 4000 voltios se reventó y pegó contra la lámina de zinc del techo donde yo estaba. Caí sin vida. Tenía múltiples quemaduras en mi cuerpo y el pie derecho reventado. Con muchas dificultades y utilizando una rondana, unos vecinos lograron bajarme. Me daban por muerto. Me llevaron al hospital del Seguro en un taxi, donde estuve media hora inconsciente. Allí me dieron los primeros auxilios y luego me trasladaron al Hospital Estadal “Antonio María Pineda”. Ya en Emergencia desperté y pude ver como me cortaban el pantalón y descubrían la carne quemada. Me curaron y decidieron internarme. A medida que pasaban los días, la atención a mi persona se convertía en una verdadera tortura. Casi no me prestaban interés, y el pie derecho cada vez iba peor. Así duré dos meses, en aquella sala hasta que me anunciaron que la única solución a mi pie reventado era la amputación. A pesar de que algunos de mis hijos estaban de acuerdo con esa decisión, yo la desaprobé totalmente. Es por eso que ante mi negativa, los doctores del Pineda me transfirieron al Centro de Diagnóstico Integral (CDI) de “Los Olivos”. A allí, llegué desahuciado y con muy pocas esperanzas, pero como una bendición de Dios me encuentro al Dr. Cecilio, angiólogo Cubano. Muy atento, me examina y no deja de asombrarse por la gravedad de mi pierna. Entonces consulta el caso con el Dr. Jorge, del CDI de San Jacinto, y para aliviar mis dolores me hacen un bloqueo en la espalda. Sin perder tiempo, el Dr. Cecilio me traslada a su consulta aquí en el “Obelisco”. Ese mismo día, me planteó inyectarme un medicamento Cubano para intentar salvar mi pie. Su propuesta fue un consuelo para tantos meses de angustia. Confieso que no sé ni donde queda Cuba, pero después de esta prueba de amor y haber salvado mi pierna, esa isla es mi segunda Venezuela. Ya voy para dos meses de tratamiento. Fueron doce inyecciones en total, y aquí usted me ve con mi pie completo y con este viejo bastón que ya no necesito. Eso sí, lo guardaré como prueba de mi regreso a la vida y para regalárselo a mi primer tataranieto, que está por nacer.

Testimonio de paciente tratado con Heberprot-P

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Mejor invención joven otorgada por la Oficina Mundial de Propiedad Intelectual en la 39 International Exhibition of Inventions of Geneva